jueves, enero 06, 2005

Progresando, mar adentro, hacia la barbarie.

De vez en cuando salpican nuetras pantallas noticias acerca de grupos que acuerdan suicidarse ante la perdida de sentido de la vida. Nada tiene sentido, todo es malo, y sólo cabe escapar de este mundo hacia un supuesto paraíso, o la nada, mediante el suicidio colectivo . Los hay que viajarán en naves espaciales, otros , ni siquiera saben cómo , incluso a alguno que duda en el último momento , se le "ayuda" a morir con dignidad, es un decir.

Desde Guayana a Canarias pasando por Japón , o desde los Davinianos al Templo del Sol, estos grupos no dejan de aparecer esporádicamente en los noticiarios. Lo natural ante estas noticias es escandalizarse. A nadie le puede parecer natural el suicidio. Y lógicamente pensamos que estas personas estan piradas, o si lo prefieren , enfermas o profundamente deprimidas.

Sin embargo, ahora nos viene un chavalote subvencionado, de esos que van de guays (he dicho guays) por la vida y se marca una película en la que se normaliza socialmente el suicidio , elevando a la categória de héroe a Ramón Sampedro, un tetrapléjico al que convencieron de que su vida era un asco y que debía suicidarse, todo con el mayor bombo y promoción posibles, claro. Fue la historia de un asesinato anunciado , so capa de suicidio, de un pobre hombre del que aprovecharon su elevado ego para hacer de su muerte un espectáculo rentable para la causa de unos listos. Como decía un buen amigo mío, llevan la barca mar adentro para hundirla en medio del océano. Dejo a parte, la cuestión de que la película, que pretende ser "histórica", miente y manipula los hechos para vender su mensaje o moralina. Ese es otro tema que no quiero tocar aquí.

El mal que esa película está haciendo a miles de tetrapléjicos y minusválidos de toda clase, que con valentía y madurez están intentando superar sus limitaciones, es enorme. Es muy triste el mensaje que se está lanzando a la sociedad. Si eres un minusválido eres una carga y tu vida es indigna. ¿Cúantos suicidios hay que apuntar en el haber de esa película que es un canto a la muerte, no a la vida como algunos periodistas e intelectuales se empeñan en convencernos? No estaría de más que algunos de los productores y artistas de esa película dedicaran un rato de sus glamurosas vidas en hablar y saludar a cientos de jóvenes, que sí son un ejemplo de valentía y superación, del centro de tetrapléjicos de Toledo.

No entiendo este supuesto progreso que nos intentan vender. De escandalizarnos de davinianos, apocalipticos y otras hierbas, que nos intentaban convencer de que ante la adversidad y una vida sin aparente sentido y con problemas terribles sólo cabe el suicidio, hemos pasado a entronizar y a aclamar a los propagandistas de la muerte provocada . Menudo progreso.

Amenabar es un buen cineasta, quién lo duda, quizás no es muy inteligente y no se entera del mal que está haciendo, quizás. Los tontos útiles son toda una institución en nuestro país. Y estan muy bien recompensados, Goya mediante.

Dos son , a mi entender las falacias en las que se asientan los defensores como algo natural del suicidio, o del asesinato del que tiene una depresión de caballo (esto es la eutanasia en el fondo) :

1) El derecho a la vida es un derecho patrimonial. Es decir es como un bien que yo poseo y puedo hacer lo que quiera con él, o como dicen los mexicanos, hacer lo que me late.

2) La vida es más o menos digna según las circunstancias.

Al primer punto hay que decir que el derecho a la vida no es un derecho patrimonial , sino que es un derecho fundamental o de personalidad. No existe el derecho a la vida en sí, sino a vivir. Como cualquier otro derecho fundamental no podemos renunciar a él sin actuar de forma inhumana, es un derecho que forma parte de la naturaleza humana per se. Relativizarlo supone relativizar el concepto de persona.

Al segundo punto hay que decir que el ser humano tiene una dignidad que no se pierde por tener más o menos capacidades, o problemas , o minusvalías. Tan digna es la vida del artista y laureado Amenábar como la de una persona con síndrome de down en grado máximo que a lo mejor no sabe ni limpiarse sólo el culo. Un camino peligroso , este de querer distinguir "dignidades" entre seres humanos. Hablar de seres humanos de primera y de segunda suena a tiempos no lejanos que a todos nos asustan. La vida humana siempre es digna, otra cosa es que sea más o menos cómoda o justa. Precisamente aquí es donde la sociedad/estado debería actuar, haciendo más cómoda la vida a estas personas con la mejora de cuidados paleativos que aminoren el sufrimiento, y ayudándoles a integrarse. Precisamente su dignidad como personas lo exige. Es de justicia. Lo de asesinarlas por compasión, o abocarlas al suicidio, es lo más cómodo y económicamente rentable, pero no me vengan con el cuento de que eso es natural, justo y humano.

El tema expuesto aquí esquemáticamente y sin pretensiones de agotarlo debe ponernos en alerta ante el intento de utilizar el arte como medio de adoctrinamiento en la cultura de la muerte. Mal está que algunos artistas pongan su genio al servicio del mal, pero peor es que nos tragemos de modo acrítico sus falacias , por mucha música de violines y premios en el que estén envueltas. Y por muy guays (he dicho guays) que sean los vendedores de muerte.