El último refugio de la razón
Siglo XX, cambalache, cantaba profético Oscar Piazzola con ese tono entre socarrón y desafiante que el tango argentino sabe ofrecer. Vivimos tiempos donde la imagen, el apasionamiento y el sentimentalismo más obsceno eclipsan cualquier intento de ver los hechos con calma y de forma razonable y coherente. La Razón, grotescamente deificada por los iluministas del XIX , es hoy un artículo de lujo difícil de encontrar en cátedras, púlpitos mediáticos, o en escritos de la intelectualidad oficial o heterodoxa. La realidad objetiva sobre la que razonar no existe, la subjetividad es el nuevo dios. La diosa razón ya no sirve ni para explicar lo evidente. Paradojas de la historia. ¡ay!
No es nada nuevo, no se crean, siempre ha existido este tipo de personas que embaucaban y adoctrinaban a las masas mediante la más pastelosa de la demagogia destructiva, y la apelación facilona a los instintos más primarios de los seres humanos. Lo novedoso en nuestros días es que ahora esta forma de "razonar" no es algo marginal o vergonzante sino que es lo que predomina, y forma parte del ambiente dominante ante la más absoluta indiferencia de las acríticas y desarmadas masas que comulga con ruedas de molino, o con lo que le echen. Es la postmodernidad , ya saben.
Al igual que los músculos que se ejercitan poco y se atrofian, tengo la impresión que con la razón ocurre algo similar. El hombre acostumbrado a vivir de forma instintiva por y para satisfacer sus deseos, y sin planteamientos racionales profundos que sienten las bases de una mínima teodicea, acaba siendo inmune a cualquier planteamiento racional que choque con sus deseos de "animal satisfecho". La razón termina siendo una coartada del comportamiento superficial. Ya decía no sé quien que "el que no vive como piensa, acaba pensando como vive".
Vivimos el final de un ciclo que comenzó en el renacimiento con el desmantelamiento social y político de los restos de la edad media, que a su vez se construyó sobre las ruinas del imperio Romano. Cinco siglos donde se han sucedido las monarquias autoritarias de derecho divino, las monarquias absolutistas, donde se ha modernizado el derecho natural, donde el liberalismo aplastó el absolutismo con sus revoluciones y declaraciones de derechos, a la vez que el nacionalismo y el colonialismo iban de la mano descubriendo tierras incognitas, y donde, por fin, la democracia ha llegado a ser el sistema político dominante en occidente. Cinco siglos que tuvieron su zenit en el siglo XX con sus dos guerras mundiales declaradas, su guerra fría y sus dos sistemas totalitarios a los que fueron sacrificados millones de seres humanos. Después la sospecha, el desencanto y el fin de la utopía iluminista. Por ninguna parte se otea ya el optimismo desbortante y prepotente del positivismo cientifista Comtiano , ni se espera al superhombre de don Federico, ni las utopías que pretendían construir el cielo en la tierra tienen excesivo predicamento sincero.
Muchos mitos y muchos muros de la modernidad se han derribado en estos 5 siglos que pretendían iluminarnos y sacarnos de no sé qué oscurantismo, y finalmente nos ha sumido en el más elemental y disolvente relativismo social, científico o moral de la postmodernidad. Donde el hombre, en el mejor de los casos, queda reducido a un mero productor de excrementos sartriano o un producto de marketing más del mercado global donde incluso las almas se venden al mejor postor, o en un eterno adolescente incapaz de ir más allá y transcender de sus pasiones, o en un consumidor compulsivo convencido y adoctrinado en el rentable : tanto tienes tanto vales.
Con los planteamientos dominantes en la filosofía actuales sería imposible el surgimiento de la ciencia moderna, de las universidades, de la democracia liberal, del concepto de persona, ect., que nadie pierda de vista esta afirmación terrible, pues cuando se ignora y daña la raíz de un árbol, por frondoso que este sea, acaba cayendo. Muchas buenas intenciones y declaraciones de derechos humanos acabarán siendo papel mojado. Hemos construido una escalera para progresar y avanzar , pero la hemos apoyado en el aire. El doctor Frankestein ha construído su sueño , pero al precio de convertirse en un Fausto cualquiera al que ahora le pasan la factura de su arrogancia. El siglo XXI dará lugar a un cambio de época, no lo duden. La modernidad no da más de sí. Habrá que salvar lo mucho bueno que tenga y mejorar el resto, pero construyendo una sólida base que fundamente el nuevo edificio.
Si quieren una pista sobre cómo será el siglo que empieza, basta leer las últimas encíclicas de Karol Wojtyla , llamado Juan Pablo II, que es el actual sucesor de Simón, llamado Pedro. El cristianismo se ha convertido en el último refugio de la Razón. Ironías del destino, pardiez.
No es nada nuevo, no se crean, siempre ha existido este tipo de personas que embaucaban y adoctrinaban a las masas mediante la más pastelosa de la demagogia destructiva, y la apelación facilona a los instintos más primarios de los seres humanos. Lo novedoso en nuestros días es que ahora esta forma de "razonar" no es algo marginal o vergonzante sino que es lo que predomina, y forma parte del ambiente dominante ante la más absoluta indiferencia de las acríticas y desarmadas masas que comulga con ruedas de molino, o con lo que le echen. Es la postmodernidad , ya saben.
Al igual que los músculos que se ejercitan poco y se atrofian, tengo la impresión que con la razón ocurre algo similar. El hombre acostumbrado a vivir de forma instintiva por y para satisfacer sus deseos, y sin planteamientos racionales profundos que sienten las bases de una mínima teodicea, acaba siendo inmune a cualquier planteamiento racional que choque con sus deseos de "animal satisfecho". La razón termina siendo una coartada del comportamiento superficial. Ya decía no sé quien que "el que no vive como piensa, acaba pensando como vive".
Vivimos el final de un ciclo que comenzó en el renacimiento con el desmantelamiento social y político de los restos de la edad media, que a su vez se construyó sobre las ruinas del imperio Romano. Cinco siglos donde se han sucedido las monarquias autoritarias de derecho divino, las monarquias absolutistas, donde se ha modernizado el derecho natural, donde el liberalismo aplastó el absolutismo con sus revoluciones y declaraciones de derechos, a la vez que el nacionalismo y el colonialismo iban de la mano descubriendo tierras incognitas, y donde, por fin, la democracia ha llegado a ser el sistema político dominante en occidente. Cinco siglos que tuvieron su zenit en el siglo XX con sus dos guerras mundiales declaradas, su guerra fría y sus dos sistemas totalitarios a los que fueron sacrificados millones de seres humanos. Después la sospecha, el desencanto y el fin de la utopía iluminista. Por ninguna parte se otea ya el optimismo desbortante y prepotente del positivismo cientifista Comtiano , ni se espera al superhombre de don Federico, ni las utopías que pretendían construir el cielo en la tierra tienen excesivo predicamento sincero.
Muchos mitos y muchos muros de la modernidad se han derribado en estos 5 siglos que pretendían iluminarnos y sacarnos de no sé qué oscurantismo, y finalmente nos ha sumido en el más elemental y disolvente relativismo social, científico o moral de la postmodernidad. Donde el hombre, en el mejor de los casos, queda reducido a un mero productor de excrementos sartriano o un producto de marketing más del mercado global donde incluso las almas se venden al mejor postor, o en un eterno adolescente incapaz de ir más allá y transcender de sus pasiones, o en un consumidor compulsivo convencido y adoctrinado en el rentable : tanto tienes tanto vales.
Con los planteamientos dominantes en la filosofía actuales sería imposible el surgimiento de la ciencia moderna, de las universidades, de la democracia liberal, del concepto de persona, ect., que nadie pierda de vista esta afirmación terrible, pues cuando se ignora y daña la raíz de un árbol, por frondoso que este sea, acaba cayendo. Muchas buenas intenciones y declaraciones de derechos humanos acabarán siendo papel mojado. Hemos construido una escalera para progresar y avanzar , pero la hemos apoyado en el aire. El doctor Frankestein ha construído su sueño , pero al precio de convertirse en un Fausto cualquiera al que ahora le pasan la factura de su arrogancia. El siglo XXI dará lugar a un cambio de época, no lo duden. La modernidad no da más de sí. Habrá que salvar lo mucho bueno que tenga y mejorar el resto, pero construyendo una sólida base que fundamente el nuevo edificio.
Si quieren una pista sobre cómo será el siglo que empieza, basta leer las últimas encíclicas de Karol Wojtyla , llamado Juan Pablo II, que es el actual sucesor de Simón, llamado Pedro. El cristianismo se ha convertido en el último refugio de la Razón. Ironías del destino, pardiez.


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