martes, noviembre 16, 2004

Sentimentalismo disolvente

Sí, ya sé que ver llorar a alguien es triste y provoca una solidaridad espontánea en quien tenga un mínimo de sensibilidad. Pero no olvidemos que es peligroso dejarse llevar por este sentimentalismo primario y acrítico abjurando de la razón.

Voluntad e Inteligencia son las dos potencias del alma que siempre deben ir de la mano si no queremos convertirnos en peleles de desaprensivos. El sentimentalismo, que vendría a ser como la absolutización de un sentimiento noble, es un disolvente terrible de la capacidad de razonar. Muchos sistemas totalitarios o autoritarios han aprovechado para controlar las masas, y bloquear su capacidad de reacción, mediante constantes apelaciones al sentimiento o a los más primarios instintos en lugar de a la inteligencia de los ciudadanos.

Las víctimas del terrorismo sufren TERRIBLEMENTE por la pérdida de su familiar. Necesitan toda nuestra comprensión y respeto , necesitan sentirse arropadas y escuchadas, y el estado debe hacer todo lo posible para que sus necesidades queden cubiertas con creces. Dicho esto, que creo que es de cajón, también hay que dejar muy claro que ser víctima del terrorismo no confiere inmediatamente el don de la sabiduría o el de la infalibilidad. Todas sus opiniones son tan criticables como las de los demás. Lo que no es cierto no pasa a ser verdad porque lo diga una víctima del terrorismo. La caridad exige siempre la verdad. La caridad sin verdad es paternalismo. Sólo a los niños incapaces , o a los locos, se les da siempre la razón, aunque no la tengan.

Prostituir el legítimo dolor propio al servicio de intereses políticos, para sacar ventajas electorales o para neutralizar y poner a los pies de los caballos a los adversarios es terrible. Atentos, pués, en esta nuestra España de hoy todo se prostituye, incluso el dolor de las víctimas del terrorismo. A veces con la aquiescencia y colaboración de las propias víctimas. El sectarismo es así. Otra cosa es que además desde el poder se dividan a las víctimas entre víctimas de primera y de segunda según estén más o menos domesticadas y sean manejables para obtener apoyos para las tesis del propio poder...

En la España de hoy, donde lo superficial y el sentimiento mediato priman y se explotan descaradamente en los mass media sobre cualquier intento de planteamiento profundo y coherente , el bueno de Felipe Alcaraz debería hacer un cursillo acelerado de teatro melodramático si quiere que le hagan caso. Tener como único carnet las fotos de sus sobrinos y no ser sectario, no es rentable. ¡qué asco!